La calidad del agua con que regamos las palmeras es muy importante para conseguir el máximo crecimiento en el menor tiempo posible. El crecimiento puede ser el doble si se utilizan aguas adecuadas y con bajo contenido en sales.

En general las palmeras toleran la sequía pero es conveniente regarlas abundantemente en la época de máximo crecimiento, que viene a coincidir en el levante español, con los meses de verano, con temperaturas más elevadas, es decir, Junio, Julio, Agosto y Septiembre. En los meses de invierno el crecimiento no es activo y, en consecuencia, los riegos no son tan importantes.

Las palmeras datileras (y en menos grado las Canarias) pueden sobrevivir en primera línea del mar, formando parte de paseos marítimos y con poco mantenimiento, aunque el crecimiento es escaso y los extremos de las hojas se deterioran en mayor o menor grado debido a los vientos y a la sal.

Lógicamente es éste caso, la palmera datilera debe plantarse enraizada o bien en la mejor época del año y con riegos muy abundantes para garantizar que saque raíces rápidamente y pasen los dos o tres primeros meses que son los más peligrosos.

       
 
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