Las palmeras admiten suelos de varios tipos para tener un crecimiento normal, aunque prefieren suelos ricos en materia orgánica.

Una vez conseguido que la palmera se aclimate a una zona determinada, no es necesario hacer un mantenimiento riguroso para conseguir un desarrollo normal, no obstante, es conveniente abonar periódicamente y evitar los suelos salinos, así como añadir estiércol y aprovechar las palmas procedentes de la poda para soterrarlas en zanjas próximas aumentando de esta forma la riqueza en materia orgánica.

       
 
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